Que equivocada estás, niña

Que equivocada estás, niña...
Tienes razón en que eres bella, en que me encantas, en que me tienes sorbido el seso, pero sabes, tesoro, aunque tus ojos son brillantes no así tus argumentos...
Verás, el amor que ignora la libertad se transforma en tiranía y todo aquel que se excede en el respeto del otro está condenado a la nada.
Y tu, reina, has hecho ambas cosas.
Búscate un perro, mi vida, y mira que sea sumiso.
Yo te ofrecía otra cosa.
Y no sufras:
Por ahi hay muchos incautos, caeran en tus redes como moscas.
Por mi no sufras: mi mano alibiará la nostalgia de no tener tu cuerpo, y, desde luego, no voy a añorar tus interrogatorios en trecer grado ni tus chantajes emocionales.
Ojalá, como decía Diógenes, se quitara el hambre frotándose la barriga.
Y yo tengo hambre, pero tu, princesa, no eres alimento... acaso chuchería que endulza el momento y luego deja en la boca un saborcillo amargo y en el estómago el mismo hueco.
No me sigas.
Sabes bien que no vale la pena.
Ah, y se me olvidaba...
Puedes decir que te dejé, o que te maltrataba, o lo que tú prefieras. Entiendo que la verdad te resulte intolerable.
Que tengas suertecita.
Un beso grande (esta vez sin lengua)










